Panadería Alonso, una historia amasada con paciencia y esfuerzo

En el corazón de Nuevo Poeta Lugones, la Panadería Alonso se convirtió en un clásico del barrio, con elaboración propia de productos con los más altos estándares de calidad y una amplia carta de delicias para consumir en su cafetería y bar, un espacio ideal para desayunos y meriendas.

Dentro de la historia de Alonso hay varias historias, como si fuera una mamushka, en la que cada muñeca tiene adentro otra más pequeña. En 1976, Victorio y Sarita, los abuelos de Christian Pegoraro, dejaron el paraje Costa Ines, en el interior del Chaco, para mudarse a Resistencia, la capital provincial. Allí instalaron “El Pan de Todo el Mundo”, en lo que acaso podría considerarse la prehistoria de esta panadería-símbolo de nuestro barrio. En 1983, los Pegoraro se mudaron a Córdoba y un año después llegaron al barrio Marqués de Sobremonte. Si bien la vida comercial de la familia se inició en “La Docta” con un almacén en Altos de San Martín, Norma, la mamá de Christian, insistía una y otra vez con instalar una panadería.

Alonso interiorCon esfuerzo, la familia fue ahorrando el dinero que dejaba el almacén para comprar la maquinaria que, en 1989, les permitió abrir las puertas de la primera Panadería Alonso: la original, ubicada en Alonso de Úbeda y Jerónimo de Acevedo, en barrio Marqués de Sobremonte.

Luego llegarían los locales de Diego Díaz esquina Tristán de Tejeda y de Toledo de Pimentel esquina Luciano de Figueroa.

En 2007, Christian sintió que una idea rebotaba en el interior de su cabeza: una panadería a la que se agregara cafetería. “Las dos cosas van de la mano”, le decía recurrentemente a su papá Orlando, que, firme en su postura, estaba lejos de aflojar.

Con sólo 25 años, Christian decidió jugársela: con Betiana, su esposa y la mamá de Thiago y Fausto –los dos hijos de la pareja-, decidieron desembarcar en el Nuevo Poeta, en la esquina de Baravino y Calle 4, hoy Félix Gigena Luque, donde instalaron una sucursal de la Panadería Alonso.

Explotaban de ganas de poner la cafetería que habían soñado, pero ese ímpetu no alcanzaba para agrandar el espacio disponible: las mesas de un bar no entraban en ese espacio. Lejos de renunciar a la idea, jamás faltó el esfuerzo. Allí funcionó Alonso durante dos años y medio, hasta que se dio la oportunidad que los volvía locos: conseguir el actual local, en Olga Orozco 3131, en la hoy denominada Plaza Juan Moreira. La mudanza, en enero de 2010, demandó dos semanas. El cartel frontal llegó recién para marzo.

A los tradicionales productos de panadería sumaron desayunos en la flamante cafetería, esa idea que los desvelaba desde hacía años. Sin embargo, pasaría un tiempo hasta que Alonso se transformaría, definitivamente, en una de las mejores propuestas de la zona para desayunar o merendar. Por aquellos años, en los que Christian y Betiana aún atendían el mostrador, la panadería seguía siendo el imán. Una y otra vez, los chicos o adolescentes compraban una Coca y, con 10 pesos de pan criollo, pasaban toda una tarde en la plaza.

Alonso cafe¿Cuál fue el trampolín para dar el salto? Lanzar las “promos” de licuados 2×1. Aquel verano 2013 le daría la razón al bar, que comenzó a llenarse una tarde tras otra. Llegaron a vender 100 licuados cada día. Para el invierno, la idea ya había prendido: lanzaron el 2×1 en submarinos y la cafetería volvió a poblarse de gente deseosa de un lugar cálido y agradable.

“Al final yo tenía razón. La combinación de las dos cosas es fundamental: el bar más la panadería. Ahora no puedo pensarlas a una sin la otra. Durante la semana, las ‘promos’ funcionan a la perfección y los fines de semana viene mucha gente al bar, e inclusive gente nueva que quiere probar nuestros productos de panadería”, destaca Christian.

A los pedidos tradicionales de panadería (variedades de pan, criollos, facturas, tostadas, bizcochos, chipacas), con el tiempo se sumaron productos de elaboración enteramente propia: grisines y chalitas, pre-pizzas y pizzetas, galletas de naranja, limón, coco, cookies, y una extensa lista de tentaciones y delicias, como maicenas, galletas de miel, coquitas, scones, vainillas, bay biscuit, palmeritas, cañoncitos, merenguitos, pinitos de dulce de leche, tartitas y muchísimo más.

Así, con la paciencia de aquellos que amasan una receta exacta, fue creciendo esta Panadería Alonso, en la cual confluyen la tradición familiar iniciada en 1989 y la frescura y el empuje de un emprendimiento familiar que creció y se hizo marca registrada de Nuevo Poeta Lugones.

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