Alonso disfruta a pleno de las remodelaciones de su local original de Nuevo Poeta Lugones

El sol luminoso de un otoño muy particular hace que todo reluzca de manera intensa. En el local original de Panadería Alonso en Nuevo Poeta Lugones hay un brillo especial: luego de las remodelaciones, inauguradas recientemente, sus dueños sonríen con orgullo y los clientes disfrutan de un espacio no sólo atractivo por sus sabores, sino también para la vista. Al fin y al cabo, ese es el objetivo: brindar un lugar de encuentro, con una experiencia distinta, a la altura de los mejores locales del rubro en Córdoba.

“Soy una convencida de que todo entra por los ojos”, dice Betiana Moreno, dueña del local junto con Christian Pegoraro, su marido, al momento de detallar las remodelaciones de la sucursal de la panadería y cafetería ubicada en Olga Orozco 3131, junto a la Plaza Juan Moreira.

“Además, ésta fue la panadería que nos permitió hacer todo lo que hicimos después y por eso, más allá del nuevo local en la calle Damián Garat, decidimos hacer aquí una gran inversión en remodelaciones”, agrega Betiana.

Desde un domingo al mediodía, cuando cerraron las puertas para iniciar las obras, en tiempo casi récord trabajó un grupo heterogéneo de personas que debieron unir sus tareas: el arquitecto, el pintor, el electricista, el herrero, el “durlero” (instalador del sistema Durlock) y el letrista, entre otros. Casi nadie creyó que pudieran cumplir con los plazos casi vertiginosos que se habían puesto los dueños. Pero sí: lo consiguieron.

Pocos días después, la ansiedad por presentar las remodelaciones ya era imposible de disimular. La apertura de la panadería estaba prevista para un miércoles a las 7.30, pero Betiana y Christian ya estaban allí a las 5.30 para ajustar todos los detalles. Querían todo reluciente.

“Los clientes nos súper felicitan y nos dicen que quedó todo muy lindo. Inclusive, algunas personas preguntan si cambiaron de dueños porque parece una panadería nueva”, cuenta Betiana con orgullo, mientras remarca que también incorporaron propuestas a la carta, que hasta hace poco sólo estaban disponibles en la sucursal de Damián Garat.

Además se sumaron otras novedades: medialunas y criollos crudos, congelados, listos para cocinar, al igual que pizzas preparadas, listas para hornear.

“Queremos que la gente se relaje y viva una linda experiencia cada vez que se siente a disfrutar de nuestros productos”, subraya.

Al único punto negativo lo marcan algunas experiencias que vivieron apenas instalaron los mesones de madera con hierro en el espacio exterior que da a la Plaza Juan Moreira. Hubo adolescentes que hicieron pintadas y, además, dañaron macetas y los juegos para niños. “Quiero contarlo, porque son chicos del barrio. No es gente que venga de otro lado. Son chicos de acá, que no cuidan nada. Y me duele, porque todo lo que invertimos es porque queremos darle lo mejor a la gente del barrio”, se lamentaba Betiana.

Más allá de ese trago amargo, en Alonso todo brilla con luz propia. El local original parece flamante, pero detrás hay una nueva historia: mantuvo las tradiciones de siempre y le agregó belleza visual y arquitectónica para que comprar cualquier delicia tenga, definitivamente, otro sabor.

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