EFUL: Miguel Muñoz y el cuidado artesanal de cada detalle

Miguel Muñoz desliza el pincel de manera suave, meticulosa. Dialoga con una mezcla de pasión y serenidad, mientras sostiene un tarro pequeño de pintura en una mano. A veces levanta la vista, pero no pierde detalle de lo que está haciendo. Está en ese predio de EFUL que es casi como su casa. Tiene una gorra azul, guantes blancos, jean y alpargatas, y una remera mangas cortas con un lorito futbolero dibujado en el pecho.

No se oyen las voces típicas de los niños corriendo por aquí y por allá, pero su pasión por el fútbol, y sobre todo por la formación de los más pequeños, no descansa: está pintando 28 arcos para que, a mediados de febrero, estén impecablemente blancos, con base roja y unas redes prolijamente colgadas, esperando los gritos de gol de las decenas pibitos que se forman y crecen en las distintas categorías formativas de la Escuela de Fútbol Lugones (EFUL).

Su mujer, Silvia, se acerca y se suma a la charla con una voz suave y su actitud siempre generosa. Además de pintar esos 28 arcos –son 30 en total si se cuentan los de la cancha grande-, Miguel enchapa y rellena imperfecciones con paciencia de artesano.

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Sabe, como pocos, cada secreto de esas canchas del barrio Nuevo Poeta Lugones. Cuenta que las últimas lluvias apaciguaron lo que pocos humanos percibirían: el chillido del césped por la sequía de los insoportables y repetidos días de calor de mediados de enero.

Los 12 mil metros del predio tienen pasto natural, con un sistema de riego por aspersión, y Miguel sabe oír. Se ocupa, junto con Don Enrique, de cortar el césped, desmalezar y arrancar yuyos. Lo reconoce entre risas: está siempre pendiente de esos detalles. “Uno no puede hacerse el distraído”, dice.

Hace pocos días cambiaron el cerco perimetral de la cancha de mayores dimensiones y, con ese movimiento, ganaron espacio para disponer de otra cancha de 9 contra 9 en ese predio que ya empieza a palpitar el inicio de las actividades de la temporada 2016: ahora habrá una cancha de fútbol 11, siete de fútbol 9, tres para las categorías más pequeñas y tres para el hockey femenino.

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El 15 de febrero comenzarán todas las categorías de fútbol y el 1 de marzo lo harán las de hockey femenino. Claro, los pequeños futbolistas se irán integrando de a poco: al iniciar los entrenamientos habrá unos cuantos que aún estarán de vacaciones con sus familias.

Además de tener 28 arcos para pintar y todo el mapa mental de las canchas de EFUL para cuidar hasta el mínimo detalle, en la cabeza de Miguel también comienza a desplegarse la organización de todas las actividades de 2016: quiere definir la distribución de días y horarios, plasmar las mejoras que siempre pueden realizarse y, sobre todo, sentir que todo lo que hacen está enriquecer humanamente a los niños, para el desarrollo armónico y el crecimiento a través del juego. Para él, sólo a través del juego el niño está en su plenitud, con todos los sentidos dispuestos, con una felicidad que lo trasciende.

Miguel coordina a 16 «profes», que en muchos meses del año tienen a su cargo a unos 350 niños y niñas –número variable, muchas veces dependiente de lo climático- que desarrollan sus prácticas durante la semana y sus partidos de fútbol o hockey los fines de semana, además de algunas actividades para adultos.

“Se enseñan destrezas, se educan modales, se forman personas”, dice el slogan de EFUL. Dentro de dos semanas, decenas de pibitos poblarán esas canchas con sus camisetas anaranjadas y sus sonrisas grandotas, detrás de una redonda ilusión.

 

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