Julieta brilla en la Selección pero sus raíces están aquí, en Poeta Lugones

Julieta Lazcano, integrante de la Selección Argentina de Vóley, Las Panteras, disfruta de un gran presente: viene de jugar los Panamericanos en Toronto, disputará a la Copa del Mundo de Japón y sueña con llegar a los Juegos Olímpicos de Río 2016. Pese a tanto mundo, y a vivir en Francia, donde juega la Liga del país galo, sus raíces están firmes en el club de barrio en el que creció deportiva y humanamente: Poeta Lugones.

Crónica de una tarde intensa para “Juli”

(*) Nota publicada en Mundo D / clic aquí

Mate en mano, zapatillas anaranjadas, jean azul, camperita de la selección argentina y, sobre todo, sonrisa grandota y ojos bien atentos, que no son pilchas pero que luce como moda de alta costura. Desde las tribunas de madera la contemplan las chicas de vóley y los pibitos del básquet de ese club de barrio. De ese Club Poeta Lugones que vio crecer a esa flaca de 1,90 metro que acaba de regresar de los Juegos Panamericanos de Toronto para recargar pilas, mientras mantiene en el horizonte su objetivo mayor: llegar con Las Panteras por primera vez a los Juegos Olímpicos, en Río 2016.

Esa piba que está ahí, transmitiéndoles experiencias a las chicas de la cantera del “Poeta”, se llama Julieta Lazcano. La misma Julieta que ahora brilla en Las Panteras. La misma Julieta que, de chica, hacía gimnasia rítmica y cuando decidió que eso no era lo suyo, quiso probar con el básquet, hasta que se decidió por el vóley. La mismísima Julieta que debió forjar su carrera voleibolística con obstinada perseverancia, con una precisión tan metódica que ahora, en la charla, sus ademanes y expresiones con las manos reproducen perfectos gestos técnicos.

Al lado de la estrella de la tarde están sentadas “Male” y “Mica”, que hoy son entrenadoras del club. Hace unos cuantos años, cuando ellas jugaban, “Juli” las tenía como referentes naturales. Pero Julieta rompió los esquemas y, en una carrera algo atípica, muy favorecida por su físico y su mentalidad, creció sin parar: a los 18 años, después de haber jugado un Mundial de menores en Macao, desembarcó en el Pesaro de Italia, un equipo multiestelar en el que tuvo poca participación pero que sirvió para abrir las puertas de un nuevo mundo: el vóley profesional.

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Sueños y esfuerzos

En ese diálogo con las jugadoras que sueñan ser como ella, Julieta les habla de los esfuerzos de un deportista profesional y de su objetivo con Las Panteras: hacer historia. Lo que, traducido al escenario actual, es clasificarse por primera vez para los Juegos Olímpico.

Desacartonada y muy madura, “Juli” describe cómo disfruta su presente en la Liga de Francia y con la selección, pero también recuerda momentos en los que sólo la decisión de progresar puede ser más fuerte que otros estímulos: tener que descansar mientras sus amigas disfrutaban de fiestas o cumpleaños, ni siquiera soñar con ir de viaje de estudios a Bariloche e, inclusive, perderse el crecimiento o el día a día de sus hermanos.

Se nota, además, que Julieta tiene los pies sobre la tierra (más allá de sus “zapas” 43): les cuenta a las más chicas que la gimnasia rítmica le dejó un espíritu de superación permanente y que ahora está estudiando, a distancia, la carrera de Turismo en la Universidad Nacional de Córdoba. Les describe que por momentos estuvo “peleada con el vóley” y que de esas crisis salió fortalecida, sobre todo después de una operación en un hombro, sabiendo cuánto extrañaba estar en una cancha.

Les da consejos sobre alimentación, descanso y entrenamiento, y les plantea, además, que no hay que tragarse las broncas y que, para eso, hay muchas formas para canalizar los problemas: psicólogos, yoga, meditación o, inclusive, charlas y más charlas con compañeras. Ella recurre a todo eso, a su tiempo, a su modo. Y describe la manera en la que se aísla antes de los partidos: sobre todo del “celu” y las redes sociales.

El reloj no afloja. Ya pasaron más de dos horas. Entonces, Julieta busca un papelito que encontró hace poco en la mesita de luz de su casa de Córdoba: una frase de la Madre Teresa de Calcuta que en 2005 le había entregado Guillermo Orduna, el DT que la llevó al Mundial Sub 18 y que ahora volvió a confiar en ella para Las Panteras. Sólo que esa anotación ahora se transformó en copias inspiradoras para las chicas del Poeta. Las profes y las jugadoras contraatacan: le hacen regalos por su cumpleaños (fue el 25 de julio) y la aplauden una y otra vez. Después, claro, llegan las fotos. Y las selfies. Y más fotos. Julieta Lazcano acaba de revolucionar Poeta Lugones, ese club en el que jugaba cuando no había techo completo y entraba el chiflete frío por todas partes.

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Copa del Mundo

Julieta descansará en Córdoba hasta la semana próxima, cuando Las Panteras vuelvan a reunirse, esta vez con la Copa del Mundo de Japón como objetivo (22/8 al 6/9). Luego llegará el Sudamericano de Colombia (que coincide con el inicio de varias ligas en el mundo). El Preolímpico sudamericano, por el pasaje a Río 2016, aún no tiene fecha.

(*) Nota publicada en Mundo D / clic aquí

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